La dependencia silenciosa: Energéticos, alimentos y la soberanía de México frente a Estados Unidos

En el debate público sobre la relación comercial con Estados Unidos suele prevalecer el optimismo de las cifras agregadas: México es el principal socio comercial de su vecino del norte y más del 80 por ciento de nuestras exportaciones se dirigen a ese mercado. Sin embargo, detrás de ese número hay una situación compleja y, en ciertos rubros, bastante asimétrica. Me refiero a la dependencia estructural que México mantiene en materia de energéticos, granos básicos y productos pecuarios, sectores que tocan directamente la seguridad nacional y el bienestar cotidiano de la población.
Comencemos por el gas natural. Según datos de la U.S. Energy Information Administration (EIA) y análisis de Ember basados en estadísticas oficiales mexicanas, entre el 74 y el 76 por ciento del gas natural que consume el país proviene de importaciones estadounidenses (Ember, 2025; El Financiero, 2026). En 2025, las compras alcanzaron un promedio de 6,638 millones de pies cúbicos diarios, el nivel más alto registrado.
Esta dependencia se traslada de manera crítica al sector eléctrico, ya en 2024, el 54 por ciento de la electricidad total consumida en México se generó con gas importado de Estados Unidos, aportando 189.6 TWh al sistema nacional (Ember, 2025). Cuando el gas se detiene, se detiene buena parte de la industria y del alumbrado público. No es una metáfora.
En combustibles líquidos la situación ha mejorado, pero no se ha resuelto. Durante 2025 la producción nacional de gasolina creció 22 por ciento, según PEMEX, y el valor de las importaciones de productos petrolíferos se redujo 13.3 por ciento. Aun así, en periodos específicos las compras de gasolina a Estados Unidos se mantuvieron alrededor de 446 mil barriles diarios (EIA, 2025). La refinería Olmeca representa un avance tangible, pero el abasto sigue parcialmente atado a las refinerías de la costa del Golfo. La vulnerabilidad no ha desaparecido; solo se ha atenuado.
El panorama agroalimentario es igualmente revelador. México se consolidó en 2025 como el principal destino de las exportaciones agrícolas estadounidenses, con un valor de 30.63 mil millones de dólares, equivalentes al 18 por ciento del total de las exportaciones agroalimentarias de Estados Unidos (USDA, 2025/2026). El maíz es el caso más elocuente debido a que Estados Unidos suministra más del 85 por ciento de las importaciones mexicanas de este grano, y las compras externas representan una proporción cercana al 45 por ciento del consumo nacional, especialmente del maíz amarillo destinado a alimentos balanceados. La soya (2.31 mil millones de dólares) y el trigo (1.15 mil millones) siguen el mismo patrón de alta concentración.
En el sector pecuario, las cifras de 2025 muestran exportaciones estadounidenses de carne de cerdo por 2.85 mil millones de dólares, productos avícolas por 1.55 mil millones y carne de res por 1.3 mil millones (USDA, 2025). Estos volúmenes no solo cubren demanda de consumo; alimentan cadenas de valor internas y permiten que la ganadería mexicana se especialice. Cualquier restricción sanitaria o comercial en la frontera tendría efectos inmediatos sobre precios y empleo.
La integración con Estados Unidos es, sin duda, conveniente y profundamente necesaria. Sin embargo, la verdadera pregunta no es si conviene o no integrar, sino si México puede seguir subordinando su seguridad energética y alimentaria a una sola fuente de suministro sin un plan creíble de reducción de riesgos. El T-MEC regula y facilita estos flujos, pero no los neutraliza ni los convierte en independencia. La soberanía no se construye con declaraciones de autonomía ni con un aislamiento ilusorio; se construye, o no, en la medida en que el país desarrolle capacidad productiva propia, diversifique inteligentemente sus fuentes y sostenga una visión de largo plazo.
A lo largo de la historia de análisis de políticas públicas, los países que mejor navegan la interdependencia son aquellos que reconocen sus vulnerabilidades sin dramatizarlas y actúan en consecuencia.
México necesita incrementar la producción nacional de gas, fortalecer la capacidad de refinación, diversificar orígenes de granos y apoyar la productividad agropecuaria. Al mismo tiempo, debe preservar el acceso preferencial al mercado estadounidense que el T-MEC ofrece. Ambas tareas son compatibles; lo que no es compatible es la complacencia.
La dependencia no es un destino. Es el resultado de décadas de decisiones y de no decisiones.
La soberanía, al final, se mide en la capacidad de decidir, no en la retórica de la independencia absoluta.
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Referencias
Ember. (2025). Más importaciones de gas, menor independencia energética. https://ember-energy.org
El Financiero. (2026, 3 de marzo). México gana en dependencia energética: Rompe récord en importaciones de gas natural de EU en 2025. https://www.elfinanciero.com.mx
U.S. Energy Information Administration. (2025). U.S. natural gas exports to Mexico reach new records y datos de comercio de productos petrolíferos. https://www.eia.gov
U.S. Department of Agriculture, Foreign Agricultural Service. (2025/2026). Mexico: Agricultural trade data. https://www.fas.usda.gov/regions/mexico
Banco de México / análisis derivados de balanza comercial. (2025-2026). Datos de exportaciones mexicanas por destino. https://www.banxico.org.mx
Petróleos Mexicanos (PEMEX). (2026). Indicadores de producción e importación de gasolinas 2025. Reportes institucionales.
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